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El culpable es mi esposo por tener miedo de metérmela. Toda mujer merece un hombre seguro.

Cuando estuve embarazada por primera vez, me sucedió algo raro, tenía un fuerte antojo por serle infiel a mi esposo.

Cosa que de por si me hacía sentir extremadamente mal, ya que nunca antes había tenido esas ideas.

Pensé que se debía, a que, mi esposo, después de que cumplí los tres meses de embarazo, y comenzó a notárseme la barriga, quizás por miedo hacerle daño a la nena, prácticamente dejamos de tener sexo.

Bueno yo ocasionalmente, le daba una que otra mamada, pero nada de penetración vaginal, lo que hacía que aun durante nuestras, relaciones sexuales orales, por lo que yo no dejaba de pensar en acostarme con otros hombres.

Bueno mi embarazo fue continuando, como de la misma manera, que yo continuaba fantaseando en acostarme con otros hombres.

En ocasiones, el nada más ver a un tipo, fuera el que fuera, y en la situación que fuera, hacía que mis pensamientos volaran.

Con decirles que en más de una ocasión salí a caminar, bien dispuesta, a que a la menor provocación irme a la cama con cualquier desconocido.

Pero quizás ya por lo avanzado de mi embarazo, nunca encontré a un tipo que ni tan siquiera se me insinuase. Y eso que la mayoría de las veces, hasta andaba sin más nada bajo mi vestido.

Pero lo que son las cosas de la vida, justo cuando yo pensaba que iba a volverme loca, por la desesperación de estar tanto tiempo sin sentir una buena verga.

Mi esposo antes de salir para su trabajo me comentó que uno de sus mejores amigos, iba a pasar por casa a buscar unas herramientas.

Por lo que cuando escuché que tocaban el timbre de la puerta la puerta de casa, supe que era él, y posteriormente al verlo desde la ventana de nuestro cuarto, lo confirmé.

Por lo que justo antes de salir de mi habitación me quité la blusa, y la falda, y por aquello de no ser muy desvergonzada, me puse una pequeña, transparente, y muy corta bata de dormir.

De cuando no estaba embarazada, por lo que, sin esfuerzo alguno, cualquiera se daba cuenta de que nada más andaba en pantis y sostén.

Así que apenas abrí la puerta de la calle, él me vio, sus ojos parecían que se le fueran a salir de sus cuencas.

Se quedó boquiabierto viéndome, sin tan siquiera pestañar un segundo, haciéndome la que terminaba de despertarme, y con la excusa que desde que estaba embarazada, lo único que me provocaba era estar metida en mi cama, le dije que me siguiera hasta el cuarto, que lo que fuera a decirme esperase que yo me metiera en la cama.

En el espejo del comedor me di cuenta de que mientras que yo caminaba delante de él, moviendo mis caderas, de la manera más provocativa que pude, el amigo de mi esposo mantenía sus ojos clavados entre mis nalgas.

Pero al mismo tiempo que caminaba como si yo fuera una puta, provocando a un cliente, me decía a mí misma, que como era posible que me atreviera hacerle eso a mi esposo, y para colmo con su mejor amigo.

Pero de igual forma o manera, yo misma me respondía diciéndome. “El culpable de todo es él por tener tanto miedo de metérmelo.”

Y con esa pelea dentro de mi cabeza, llegué a nuestra habitación, él no quitaba sus ojos de mi cuerpo, así que, haciéndome la tonta, me recosté en la cama.

Y le dije de inmediato, que se sentase a mi lado, él no había terminado de hacerlo, cuando lo único que se me ocurrió pedirle casi rogándoselo, que necesitaba que me diera un masaje.

A todas estas, él no decía nada, sencillamente sin quitar sus ojos ya fuera de mis tetas, o de mi apenas oculto coño, por mis pantis, se limitó hacer, todo aquello que yo le iba diciendo.

Cuando, le dije. “Necesito un masaje en las piernas.” de inmediato, completamente embelesado, el amigo de mi esposo comenzó a pasar sus manos por mis piernas, y muslos.

Luego cuando le dije. “Necesito que me des un masaje en mi barriga y mis tetas.” de igual manera, sin decirme nada, luego que sus manos, me ayudaron a quitarme la bata de dormir, continuaron masajeándome todo el cuerpo.

Y así continué pidiéndole que continuase masajeándome por todas partes, hasta que él mismo me propuso que me quitase el sostén, para que yo estuviera más cómoda, cosa que hice de inmediato con su ayuda.

Yo claramente pude ver, como bajo la tela de su pantalón, su miembro se encontraba erecto, fue cuando se me ocurrió decirle, que para que se sintiera mucho más cómodo, se quitase la ropa.

Así fui desnudándolo, hasta que sin necesidad de que yo le dijera nada, el amigo de mi esposo, comenzó a mamar mis tetas.

Desde ese momento en adelante, lo demás fue cayendo de forma natural, yo al ver su erecto miembro completamente libre, lo que me provocó fue darle una rica, y buena mamada.

Y a medida que yo se lo fui mamando, de momento como que le entró algo de miedo, y me preguntó por mi esposo, yo le dije de inmediato, sacándome su verga de mi boca. “No te preocupes, que mi esposo, aparte de que estaba trabajando en el taller, también estaba al tanto de todo, pero una de las cosas que mi esposo quiere es, que no le toque el tema en ningún momento.”

Así que una vez que le dije eso, me dediqué a seguir mamando su parada verga, esa pequeña mentira, como que lo calmó.

Ya que, al poco rato, sin perder el tiempo, sacando su verga de mi boca, la dirigió directo a mi coño, al hacer que me sentase sobre él.

Sentí como su verga fue penetrándome, como mi vulva, y los pliegues de los labios de mi vagina, a medida que la cabeza y el tallo de su miembro entraban dentro de mi coño divinamente.

Por un buen rato disfruté, de restregar mi coño contra su cuerpo, buscando satisfacer, toda la necesidad que sentía de una buena verga.

Así que a medida que yo movía mis caderas, que él no dejaba de meter y sacar toda su dura y caliente verga de mi cuerpo.

Yo debía haber estado súper excitada, ya que a los pocos minutos en que me penetró, y sentí todo su miembro dentro de mi coño, disfruté de un tremendo orgasmo.

Lo mejor de todo fue que no fue uno solo, sino que a medida que continuaba metiendo y sacando su verga de mi coño, yo no dejaba de chillar y gemir de placer.

Después de que ambos quedamos rendidos, se me ocurrió decirle la verdad, al principio pareció no comprender.

Pero al poco rato de estar charlando y explicarle, todo lo que me sucedía, de cómo ya mi esposo ni me tocaba, por miedo, a hacerle daño a la criatura.

Su amigo, me volvió a penetrar, divinamente, yo ya di a luz, mi hija tiene menos de un año, pero cada cierto tiempo, mientras la nena duerme, sin que nadie más se entere, el mejor amigo de mi esposo me viene a visitar