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Mi papá es capaz de matarme por acostarme con mi abuela! – mierda! que rico se sintieron sus paredes, pero! Dios! que hago! que hare! que hago!

Cuando mi padre me dijo que mis vacaciones las pasaría en casa de su madre, me molesté mucho, ya que yo ya tenía un plan muy distinto.

Encontrarme con una de mis primas, en la casa de playa de mis tíos, pero según mi padre la vieja necesitaba que alguien se quedase con ella, por lo que fui yo quien jodió.

Ya que ni derecho al protestar tenía, a menos que no quisiera quedarme sin la motocicleta, que para mí desgracia me la compró él, y aun está a su nombre, así que no tuve más remedio que aguantar, razón por la cual, a regañadientes me fui a la casa de mi abuela.

Cuando llegué resultó que ella se sorprendió al verme, ya que no me esperaba, debido a que mi padre no se comunicó con ella para decirle que yo iba.

Pero bueno desde llegué, mi abuela se sorprendió por lo mucho que yo había crecido, la verdad es que llevaba varios años que no nos veíamos.

Así que después de un corto saludo, me preguntó si yo deseaba acompañarla a tomarse una copita de vino, yo la verdad es que prefiero las cervezas.

Así que mi abuela fue a la cocina, trajo una botella de un vino con más años que yo.

Tras descorcharla, se apuró a servirme una copa, para mí y otra para ella, y con el cuento de hacer un pequeño brindis, por lo que se me acercó bastante.

Y así seguimos bebe que bebe, la verdad es que mi abuela a cada rato la pillaba observándome de manera algo rara, aunque no le puse mucha atención, hasta que me preguntó si yo ya tenía mujer.

Cuando le dije que no, ella sonriéndose de manera burlona, me preguntó. “¿Como le haces, te la pasas haciéndote la paja, o te estas acostando con alguna de las putitas de mis nietas?”

Yo la verdad es que me sentí muy confundido por sus preguntas, y por aquello de que no me fuera a decir pajero, le dije. “En ocasiones me las entiendo con una de ellas, pero no creas que te voy a decir con cual.”

Mi abuela sonrió, y sin que yo me lo esperase, me ha plantado un tremendo beso en la boca, al tiempo que, de manera descarada, me agarró la verga por encima de la tela del pantalón.

Yo me quedé petrificado, no esperaba que me mi abuela me fuera a salir con eso, y aunque por unos instantes procuré separar su mano de encima de mi miembro, ella como que se dio cuenta de mis intenciones y me lo agarró con mucha más fuerza.

En cosa de segundos, mi abuela ya tenía mi verga dentro de su boca, y yo sin saber qué hacer.

Por un largo rato se dedicó a ir chupando, lamiendo, y besando toda mi verga, de una manera única, y por primera vez en mi vida sentía algo tan rico como eso.

Por lo que la intención que tuve de sacar mi verga de su boca desapareció casi de inmediato.

En cosa de fracciones de segundos, ambos nos quitamos la ropa, y de la manera más puta que ustedes se puedan imaginar, mi abuela comenzó a restregar su coño, y su culo contra mi verga.

Yo estaba que ya poco me importaba que se tratase de la madre de mi padre, mi propia abuela, la que me estuviera haciendo eso, por lo que sin demora alguna dirigí mi parada verga directo a su peludo coño.

Fui sintiendo como a medida que ella movía sus caderas, mi verga entraba más, y más dentro de su cuerpo.

Por una parte, no podía creer que yo me estuviese clavando a mi propia abuela, y por la otra lo rico que ella se movía, y mamaba mi verga cada vez que se le presentaba la oportunidad.

Mientras estuve acompañándola en su casa, hubo días en que ni tan siquiera me llegué a levantar de la cama.

La condenada vieja, a cada rato deseaba estar acostada conmigo, es más cuando llegué a su casa, mi madre me preguntó si mi abuela no me había dado de comer, por lo flaco que me encontró.

Ya que como les dije, mi abuela como que no puede vivir sin una verga dentro de su coño, o de su boca, por lo menos eso me pareció a mí, mientras estuve quedándome en su casa.

Claro que de eso no hablé con mi viejo, porque de seguro, es capaz de matarme.