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Dominada por un sugar daddy que quiere que le pague sus regalos de alguna manera. Parte.1

Reconozco que soy una linda chica , con algunas cosas como… ¡Me cuesta decirlo!… con algunas cosas un poco… un poco masculinas. Tengo facciones delicadas, piernas largas, de rodillas finas y muslos bien torneados y una cola chica empinada, redonda . Soy  de piel clara y tersa. Mi cabello es de color castaño y lasio . Hay veces que me dan ganas de cortarmelo y no dejarlo crecer hasta los hombros, pero pienso que eso me daría un aire más masculino  aún y desecho la idea.

Les cuento que vivo con papá ,mamá y mi hermana , que estoy en la universidad  y que la casa de un vecino mirón está a dos casas de la nuestra.

Desde hace unos días no se conforma con mirarme sino que además empezó a decirme cosas subidas de tono. Por ejemplo: -Adiós, linda, no sabés todo lo que te haría mamita… -o esto otro: -Te como cruda, preciosa…

Cuando lo escucho aceleró el paso y oigo a mis espaldas su risa entre burlona y asquerosa .

Sé, por algún comentario en el barrio, que se llama Eduardo, que es viudo, que vive solo y desde hace algunos días estoy sintiendo algo que me inquieta. Siento que el asedio de ese vecino está empezando a excitarme. Me excita sentirme deseada de esa forma perversa. Pienso cada vez más en ese viejo choto  y eso me tiene caliente y alarmada al mismo tiempo.

Mientras tanto él me acosa  cada vez más. Ayer, cuando salí a hacer una compra y se me puso a la par: Hola, bebé, estás cada vez más linda…

Yo, nerviosisima, empecé a caminar más rápido mientras miraba para todos lados a ver si alguien nos miraba. El viejo apuró el paso también y siguió diciéndome cosas:

-Oíme, bebé, ¿por qué te hacés la difícil sí yo sé que te gusta ?

-Déjame tranquila, borrate.

-¿Crees que no me doy cuenta, nena que soy pelotudo ?

-¡¿De qué se da cuenta?! ¡déjame  tranquila! 

–dije caminando cada vez más rápido.

-De que te gusta la pija de los abuelos como yo , linda y te morís por esta .

Al escuchar semejante cosa salí corriendo con la mente hecha un caos y perseguida por la risa del viejo que me decía fuaaa como se mueve tu culito mami .

Llegué a la esquina, crucé la calle en dirección al supermercado y me fui tranquilizando y  paso poco a poco, con el corazón desbocado y pensando en lo que el vecino me había dicho.

-¡¿Cómo se atrevió a decirme esa barbaridad?!… ¡¿Qué me gusta la… la p… la pija de los viejos ?!

Compré lo que me habían mandado y al volver lo hice por la esquina contraria, por si el viejo estaba en la puerta, pero no estaba.

Pasaron dos días y no hay caso, no puedo sacarme a Eduardo  de mi cabeza ni tampoco dejar de pensar obsesivamente en eso que me dijo: “te gusta la pija de los viejos y te voy a dar la mía , linda.”

¡¡¡Noooo!!! ¡¡¡nooo!!! ¡¡¡nooo!!! Me repetía una y otra vez tratando de convencerme de que ese degenerado no tenía razón. Sin embargo, mis defensas se iban debilitando poco a poco y sin remedio en tanto él seguía acosándome con miradas, frases obscenas y proposiciones asquerosas . Hasta que una tarde, cuando pasé frente a él, que estaba en la puerta, me tomó sorpresivamente de un brazo y a pesar de mi resistencia me metió en su casa. ¡Me estaba raptando! Y yo, tengo que confesarlo, me dejé raptar. Dejé que me arrastrara a través de un corto pasillo hasta una habitación que resultó ser el dormitorio.

-No… Déjeme… no, no… -suplicaba yo aunque sin ningún deseo de que ese viejo pervertido desistiera de su propósito. Ese vecino al que en el barrio llamaban don Eduardo me tenía ya totalmente en sus manos. Me estaba haciendo descubrir lo que era sugar daddy   y mi naturaleza de tener sexo con viejos .

De un empujón me tiró en la cama de dos plazas y me exigió con los ojos muy abiertos y el rostro desencajado: -¡Desnudate, nenita! ¡Vamos! ¡y te aviso que no me gusta repetir una orden!

Yo estaba excitadísima y entregada por completo a su dominación: -Sí, está bien, don Eduardo … No me… no me pegue…

Él emitió una risita perversa y me dijo como si hubiera leído mi mente: -Ah, así que además de la pija te gusta que te peguen, ¿eh, nena?

-No… yo… -hice cara de asco  aunque de verdad no podía negar que él tenía razón, porque el tono autoritario con que me había ordenado que me desnudara me había excitado y me imaginé que el viejo me daba una buena paliza en la cola. Una serie de fantasías y deseos morbosos dormidos en mi inconsciente habían empezado a aflorar en ese momento con fuerza y claridad.

-Bueno, basta, desnúdate de una buena vez. –y empecé a desvestirme con las mejillas ardiendo de vergüenza y deseo mientras él también se quitaba la ropa. Yo lo miraba de a poco  y veía su piel lechosa, su vello gris en el pecho y sus  pelotas caídas . No era lo que se dice un Adonis y no me hubiera atraído si lo fuera. Al revés, me calentaba su vejez, su cuerpo gordo y fofo ; otro descubrimiento de mi morbo que yo estaba haciendo.

Por fin ambos estuvimos en pelotas y él entonces me hizo poner de pie sobre la cama.

-Empezá a girar despacio, nena quiero verte completita. -y yo giré mientras imaginaba la mirada del viejo devorando cada centímetro de mi cuerpo adolescente.

Cuando completé el giro y quedé otra vez ante él vi que tenía el pene erecto y me estremecí.  con mucho   miedo también, al imaginar que esa cosa debía doler mientras entraba en algo tan estrecho como es mi  culo. Pero don Eduardo había anulado mi voluntad por completo, al punto de no poder oponerme a nada que él quisiera hacerme.

Se dio cuenta de que yo le miraba la pija y se rió : -¡Ah, putita! ¡tenés ganas de comer esta pija! ¡Sí, claro que tenés ganas! ¡Y la vas a tragar por el culo y por la boca! –dijo y se me acercó con los ojos brillando de calentura.

-Bueno, ahora ponete en cuatro patas. –me ordenó y yo, en esa posición, me sentí una perra, la perra de don Eduardo su juguete para ser más claros 

Mi vecino me dominaba por completo.