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Mi esposa besaba a nuestra hija al tiempo que yo la penetré

Hasta hace pocos meses, nuestra única hija vivía fuera de casa, pero como había perdido su empleo en el banco, se vio en la necesidad, de pedirnos a su madre y a mí que la recibiéramos en casa.

Lo que gustosamente hicimos, pero con la condición de que nada de estar haciendo locuras, como llegar borracha, o de traer alguno de sus amigos con derecho, a casa.

Tanto mi esposa como yo sabemos que eso es una falta de respeto a su persona, ya que ella ya es adulta, pero le dijimos eso, para motivarla a que consiguiera pronto un trabajo, y nuevamente me marchase de casa.

Además, es nuestra casa, y son nuestras reglas, por lo que sin decir nada aceptó. Pero el primer regaño se lo di yo, al verla andando completamente desnuda por la casa.

En ese momento mi hija me dijo que ella pensaba que su madre y yo, ya nos habíamos ido a la funeraria de la que somos propietario.

Volviendo al regaño, aunque se disculpó y me dijo que pensaba que se encontraba sola en casa, pero al tiempo que la regañaba, yo no apartaba la vista, de sus paradas tetas y de su depilado coño.

Luego, en la noche se lo comenté a mi esposa, la que posteriormente se le acercó, a nuestra hija, y llena de curiosidad le preguntó si era cierto que ella tenía todo su coñito depilado, y al ella responderle que sí, escuché a mi mujer decirle de manera algo emocionada. “Te lo has dejado como el de una nena” Al tiempo que me di cuenta de que mi esposa, entrecerró los ojos, y hasta se relamió los labios.

Pero de inmediato, cambió de manera de actuar, poniéndose bien seria, diciéndole, a nuestra hija. “Ya sabes procura no andar completamente desnuda por toda la casa.”

Eso pasó, pero como a la semana, mientras mi hija se daba una ducha, creo que se dio cuenta de que yo, la estaba espiando.

Pero al salir de la ducha secarse, y ponerse algo de ropa, se quedó sentada en su cama, mientras que yo hice como si me había marchado a trabajar, aunque realmente esperé fuera de su cuarto, con la intención de echarle un ojo a mi hija.

Sin darse cuenta de mi presencia, mi hija comenzó a toquetear su coño, primero por encima del panti, pero a los pocos segundos, la echó a un lado y con sus dedos, siguió acariciando suavemente todo su depilado coñito por fuera.

Ya para esos momentos mi hija llevaba varias semanas, portándome bien sin salir de noche ni tener encuentro con ningún de sus amigo íntimo.

Pero en ese instante como que se desconectó de todo a su alrededor, mientras continuó acariciando su coño, con sus piernas bien abiertas, y sus ojos cerrados.

De momento al abrir sus ojos, me encontró a mí a un lado de su cama viéndola fijamente, como ella misma se estaba dando dedo en el coño.

Mi hija se quedó como paralizada, sin saber ni que decir ni que hacer, con una de sus manos completamente dentro de su coño, mientras que, con la otra, se estaba acariciando los parados pezones de pequeñas sus tetas.

Sin inmutarme, ni hacer ningún aspaviento tomé asiento a su lado preguntándole. “¿Qué estás haciendo?” Cosa que era más que evidente, por lo que al mismo tiempo que sin más ni más coloqué mi mano izquierda sobre su destapado coño, diciéndole. “Ya veo que te hace falta salir de noche, pero tu madre y yo preferimos que te quedes en casa, y si eso se hace sentir mejor, continúa haciéndolo por mí no te detengas.”

En ese instante mi hija, no supo ni que responderme, al verme que era yo, quien la había agarrado, con una de sus manos completamente dentro de su coño.

Fue cuando yo agarrando su coño, le dije. “Si quieres te puedo ayudar, seguramente tu madre no se va a molestar por eso.”

Y como dicen el que calla otorga, cuando mi hija se quedó callada, yo continué tocando, y acariciando distintas partes de su cuerpo, sin que ella me lo impidiese.

Es más, todo lo contrario, en ese momento como que me di cuenta que le gustó tanto sentir el roce de mis dedos por sobre toda su piel, en especial sobre su depilado coño, que se mantuvo en silencio.

De momento en un abrir y cerrar de ojos, sin que ella dijera nada, me quité toda mi ropa, quedando completamente desnudo a su lado, y con mi erecta verga bien parada.

De la que mi hija, no podía apartar la mirada. Fue cuando le pregunté. “¿Quieres tocarla?” aunque no me dijo nada, su manera de verla me indicó que ella se moría por las ganas de agárramela, por tenerla entre sus dedos, en su boca, o dentro de su coño.

Así que suavemente colocó su mano derecha sobre mi parado y caliente miembro, y comenzó a manipularlo entre sus dedos. Ya a los pocos segundos, voluntariamente se dedicó a mamar toda mi caliente verga.

Por un buen rato estuvo mama que mama, al tiempo que suavemente yo continuaba acariciando su depilado coño.

Y me dediqué a ir apretando su clítoris con mis dedos, cuando le pregunté si deseaba que yo le enterrase mi verga, dentro de su coño.

Mi hija al tiempo que continuaba mamando, gustosamente nada más se limitó a afirmar con su cabeza.

De inmediato, saqué mi verga de su boca, y recostándome boca arriba sobre su cama, la tomé por las caderas y lentamente le fui enterrando toda mi verga, dentro de su húmedo y caliente coño.

Mi hija, se encontraba de lo más inspirada, moviendo sus caderas con una furia incontrolable, y hasta volvió a cerrar sus ojos. Pero al abrirlos nuevamente, de seguro se llevó la sorpresa de su vida.

Su madre sin pestañar siquiera un segundo nos observaba fijamente, pero de inmediato nuestra hija se dio cuenta, por el rostro de mi esposa que no estaba brava, ni tan siquiera molesta, por lo que nuestra hija continuó disfrutando de lo que ella y yo hacíamos sobre su cama.

Mi esposa, sin borrar una gran sonrisa de satisfacción en su cara se nos acercó, y no bien ya se encontraba de pie a nuestro lado, cuando sin más ni más comenzó a quitarse su corto y ajustado vestido.

De inmediato apenas quedó completamente desnuda, comenzó a besar las paradas tetas, de nuestra hija, al tiempo que fuera de su coño deslizaba sus dedos, al tiempo que yo continuaba clavándole divinamente toda mi verga.

Después de eso, mi hija y mi esposa, cambiaron de lugar en varias ocasiones, nuestra hija vio como penetraba a su madre, y posteriormente mi esposa volvió a ver como yo penetraba a nuestra hija, en algunos momentos ambas se besaban, y acariciaban mutuamente, y a medida que la noche fue pasando, tanto la una como la otra disfrutaron de múltiples orgasmos.

Nuestra hija no gritaba, sino que chillaba de placer, cuando su madre o yo la acariciábamos. Así que al siguiente día comenzó a trabajar en nuestra funeraria, y en ocasiones, no es que nos llevemos el trabajo para casa, sino que nos divertimos los tres dentro de la funeraria, teniendo sexo ocasionalmente en alguna de las capillas que se encuentran vacías.