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Historia de Diván: Angie se garchó a su sobrino y le dejo sus uñas marcadas en sus espalda.

«Historias de Diván» es una serie basada en historias que le cuentan a Gabriel, un amigo psicólogo, él me las cuenta con absoluto secreto de la persona, yo le agrego mi magia y espero que les guste.

Angie tiene 43 años, solterona, fiestera y con guita, toda operada, rubia, cuerpo bastante entrenado.

Martín, su sobrino cumplió 20 años y arreglaron para que lo festeje en su casa, la idea eran unas hamburguesas a la parrilla y bailar en el parque.

Angie estaba con Mónica, una amiga adentro tomando un vino observando la fiesta del sobrino.

A: Que grande que está Martín, ya no es el nene que tenía en brazos hace unos años.

Mo: Sí boluda, me acuerdo cuando tu hermano dijo que iba a ser padre.

A: Sí, vos habías ido a cenar a lo de mis viejos.

Mo: Miralo, cada 2 minutos le va a hablar a la del vestido rojo.

A: Linda chica, ojalá yo hubiera tenido esas piernas.

Mo: Callate boluda, siempre fuiste la diosa del grupo.

A: Es divina, dame una copa más y la encaro yo.

Mo: Estás un poco borracha amiga.

A: Lo se, pero estoy en casa, no tengo que manejar. Aparte ver esta fiesta me puso melancólica de cuando nosotras estábamos en esa etapa.

Mo: Vos seguís un poco en esa etapa, vivís de joda.

A: Sí, pero no es lo mismo.

Mo: Claro, ahora es más directo, sin histeriqueo.

A: Me gusta más así.

Se largó a llover, algunos se fueron y la fiesta pasó a ser adentro, eran pocos unos 15 chicos y chicas, casi todos ebrios en distintos grados. Mónica se va, los chicos también y queda Angie con Martín.

Angie aprovecha y va a servirse un trago, cuando se le acerca su sobrino.

M: Te vas a emborrachar tía?

A: Vos te pensás que las tías no tomamos?

M: No se, te veo como en otra etapa de la vida.

A: Soltera, con un trago en la mano, después de una fiesta, igual que vos.

M: Sí, pero con otra edad.

A: Por eso mismo Tincho, tengo más fiestas que vos. Vení, bailá conmigo.

M: Bueno, te concedo unos pasos. Y qué tiene que tengas más fiestas que yo?

A: Las vivo de otra manera, me doy cuenta de otras cosas.

M: A ver, que viste de esta?

A: Cómo se llama la chica del vestido rojo?

M: Cual tía?

A: La del vestido rojo Martín!

M: Pero decime algo más.

A: No te hagas el boludo, la que te gusta. Le ibas a hablar cada 2 minutos.

M: Gimena? Gime es amiga nada más.

A: Pero vos querés entrarle querido, se notaba desde acá adentro.

M: Estás en pedo tía!

A: Te lo acepto, estoy en pedo, pero aceptame que te querés garchar a Gime.

M: Tengo la mitad de tu edad tía, me quiero garchar a todas.

A: A mi edad también queremos garchar querido, sólo que no somos tan evidentes. -Dijo mientras se llenaba nuevamente su copa y hacía lo mismo con la de su sobrino. -Tomá, brindemos por las ganas de garchar.

M: Bueno, salud! Y a ver, contame, a quién te garcharías?

A: Así borracha y caliente como estoy… A primero que venga. Vos? Gime no te dio bola.

M: Y… Cómo Gime no me dio bola… A la primera que me de bola.

A: No me gusta ser la opción B, pero…

Angie miró a los ojos a su sobrino y le enchufó un beso mientras con una mano fue directamente a tocarle la pija sobre el jean.

El pendejo no tardó en ponerse al palo, su pija se puso de pie en seguida.

Angie lo llevó al sillón, lo recostó, le sacó el jean y el boxer, empezó a chuparle la pija mientras se sacaba su propia ropa para quedar completamente desnuda.

A: Algunas vez tocaste tetas operadas?

M: No tía.

A: Vení, tocalas, chupalas, disfrutalas.

Angie se acostó en el sillón, Martín se abalanzó sobre las gomas de la tía y empezó a saborearlas.

A: Tenés un forro, no?

M: Sí, ya me lo pongo y te cojo toda tía.

A: Cómo me calienta que me digas tía.

M: Tenés muy oculta tu personalidad morbosa.

A: Sólo para la familia, vos ahora ya me conocés. Metémela.

Martín se puso sobre su tía y empezó a cogérsela según ella misma y textual «Con la torpeza de un novato, con la energía de un veinteañero». El joven no demoró en acabar, cayendo rendido sobre el cuerpo de su tía.

Luego de un breve descanso Angie remontó al soldado con una buena chupada de pija y se sentó sobre él, comenzó a cabalgarlo hasta que por fin ella pudo acabar, siguió a todo ritmo hasta que Martín acabó nuevamente.

Durmieron juntos, desayunaron, prometieron no contárselo a nadie de la familia y hacer lo posible para que no vuelva a suceder.