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Pero tú estás loca!, mira que somos hermanos. – No hay pedo. Ya nos conocemos. Quiero que quede mi virginida’ en la punta de tu pichola!

Me encontraba junto a mi ahora exnovio en una fiesta, apartados de todo el mundo besándome, acariciándome, y dejando que me tocase, y agarrase por donde le daba la gana.

Cuando el muy desgraciado, me dijo. “Déjame que te haga el amor”. Lo malo de todo eso es que me llamó por el nombre una puta que todos los chicos del barrio se han acostado con ella.

Al escuchar a mi novio llamarme así eso, me enfureció, y sin tan siquiera ponerme mis pantis lo mandé bien largo al carajo.

Salí corriendo directo a casa, de la rabia que tenía estaba que si me cortaban no echaba sangre.

Pero también estaba sumamente caliente y excitada, así que lo primero que pensé fue en acostarse con algún amigo del, para pagarle con la misma moneda, y después contárselo.

Pero en el camino no vi a nadie, por lo que al llegar a casa el único que se encontraba era mi hermano menor, quien como de costumbre me encontraba metido en su cuarto, viendo porno por internet y fumando hierba.

Nuestros padres estaban en la casa de la playa, de lo contrario ni yo hubiera salido con mi novio y mi hermanito no estaría fumando hierba.

Así que como no había otro hombre, lo único que se me ocurrió fue pedirme a mi hermanito, que le hiciera un pequeño favor.

La verdad es que, me encontraba medio borracha, y quien sabe si el hijo de la gran puta de mi novio puso algo en las bebidas que me traía durante toda la noche.

Así que a medida que bailábamos, él comenzó a tocarme, y a besarme delante de todos, al punto que para no seguir dando un espectáculo decidimos salir al patio trasero, donde no había nadie.

Pero como ya les dije, el muy hijo de la gran puta me llamó por el nombre de la puta del barrio, y todo se terminó.

Pero al entrar a casa, y sentir el olor que salía del cuarto de mi hermanito, pensé que, si le pedía que por favor tocase mi coño, aunque fuera nada más un poquito, la calentura se me calmaría.

Así que, sin darle mucha cabeza, entré en su habitación, el olor a marihuana era mucho más penetrante, y él se encontraba tan concentrado viendo una peli porno, mientras se masturbaba, que ni cuenta se dio que yo había entrado en su cuarto.

Por lo que cuando se dio cuenta de mi presencia, más rápido que inmediatamente, sacó una de sus manos de entre el bóxer que estaba usando.

Apagó el monitor de la computadora, aunque las bocinas siguieron sonando, con unos inconfundibles gemidos de sexo.

Cuando se dio cuenta, también las apagó, preguntándome bien molesto qué era lo que buscaba en su habitación.

Haciéndome la tonta, y acercándome de manera lenta, y seductora hacia mi hermanito, le dije. “Quiero que me hagas un pequeño gran favor”.

Al tiempo que comencé a restregar de manera sugestiva, mi coño contra la esquina de su secreter, sin levantarse la falda.

Mi hermano se me quedó viendo, algo asombrado, preguntándome de inmediato, cuál era el favor que yo quería que él me hiciera.

Sin verlo a los ojos, y comenzando a pasar mi mano derecha por encima de la pequeña falda que tenía puesta, le dije. “Quiero que, aunque sea por un corto instante me acaricies mi coño”.

Y al tiempo que fui diciéndole eso, lentamente levanté mi falda, mostrándole mi depilado coño.

Mi hermano al escucharme decirle eso, y ver cómo le mostraba todo mi coño, se quedó paralizado, y de inmediato me preguntó incrédulo que era lo que yo le había pedido.

Con toda mi santa calma se lo repetí, y su respuesta fue. “Pero tú estás loca muchacha, mira que somos hermanos”.

Tragué en seco, y hasta estuve a punto de salir corriendo de su habitación, pero algo en la mirada de mi hermanito que no la despegaba de mi desnudo coño me decía que continuase.

Por lo que le dije. “Es que cada vez que veo tus grandes manos, me pregunto cómo sería sentirlas tocando mi coño. Yo misma ya estoy cansada de hacerlo un sin número de veces, aquí mismo dentro de tu habitación, ojeando algunas de las muchas revistas que tienes guardadas en la última gaveta. Pero como te dije, quiero sentir algo distinto, y diferente, por eso te pido por favor que hagas lo que te pido”.

En ese preciso instante agarré una de sus manos, y la coloqué directamente sobre mi desnudo coño.

Abriendo sus ojos, retiró su mano de mi coño de inmediato diciéndome. “Loca detente, no deberías hacer cosas como esas, si los viejos te vieran piensa lo que te van a decir”.

Sin inmutarse por su manera de actuar, suavemente volví a garrar su mano, y sin mucho esfuerzo nuevamente la coloqué sobre mi depilado coño.

En ese instante le dije. “No trates de quitar la mano de mi coño, se siente un hormigueo tan, y tan rico, que por lo que tú más quieras, deja tu mano un ratito más sobre mi coño”.

Y a medida que se lo iba diciendo con mis manos guiaba la suya, restregándola suavemente contra mi piel.

Su rostro fue cambiando, de una expresión de susto, a una expresión de lujuria controlada, en ese instante le pregunté de manera indiscreta. “¿Es la primera vez que agarras el coño de una chica?”

Mi hermanito se puso rojo de vergüenza, y aunque algo abochornado me respondió un inaudible sí.

Fue cuando se me ocurrió pedirle que moviera sus dedos, y a medida que los fue moviendo se fueron introduciendo dentro de mi húmeda vulva.

Sin detenerme le fui diciendo, lo bien que se sentía a medida que él me continuaba introduciendo sus agiles dedos dentro de mi vulva.

Sin detenerme le seguí pidiendo que continuase tocándome e introduciendo sus dedos, que el placer que eso me provocaba era mucho mayor al que sentía, cuando yo misma me tocaba.

Mi hermanito estaba asombrado, y sin dejar de tocarme sus dedos continuaron explorando más, y más dentro de mi coño.

De momento sin que se lo pidiera, o ni tan siquiera se lo insinuase, colocó su rostro a pocos centímetros de mi abierta vulva, sorpresivamente sacó su lengua y la pasó sobre los labios de mi vagina.

Se detuvo, saboreó y de inmediato, pero de manera salvaje enteró toda su cara, o mejor dicho toda su boca sobre mi coño.

Con su lengua, dientes, y hasta sus labios, lamiendo, mordisqueando y chupando todo mi coño, incluso mi inflamado clítoris.

Como una loca le pedía insistentemente que continuase, le decía lo sabroso que se sentía todo lo que él me estaba haciendo.

Hasta que no pude aguantarme más, y disfruté de un arrebatador orgasmo que me produjo mi hermanito con su boca.

Me quedé tendida sobre su cama, con mis piernas bien abiertas, tremendamente satisfecha, pero al momento en que mi hermano se puso de pie, noté de inmediato que tenía una tremenda erección.

Y sin decirle nada yo misma le baje su interior bóxer, y apareció ante mis ojos su miembro bien parado, apuntado al techo de la habitación.

Mientras que él no dejaba de ver mi coño, y yo su parada verga con bastante asombro.

Él mismo la dirigió directo a mi coño, sin que yo tuviera la menor necesidad de decirle algo, y a medida que me fue penetrando, fui sintiendo como su parado y duro miembro se deslizaba divinamente dentro de mi vulva.

Al principio mi mayor temor era que, mi hermano se viniera a los pocos segundos de penetrarme, como la gran mayoría de los chicos con quienes me he acostado.

Pero a medida que continuó metiendo, y sacando su verga de mi caliente coño, y que lo restregaba contra su cuerpo, me di cuenta de que mi hermanito quería hacerme creer que esa era su primera vez.

A medida que seguimos disfrutando mutuamente el uno del otro, no me quedó la menor duda de eso, además la manera en que acariciaba todo mi cuerpo, su forma de besarme, y hasta la manera tan decidida en que me mamó todo mi coño, no son cosas de un novato en la cama, como él quería hacerme pensar.

Por lo que cuando le insinuaba ligeramente que cambiásemos de posición, él gustosamente accedía.

El ver o sentir como su verga continuaba entrando, y saliendo de mi coño, me excitaba mucho más aún.

En medio de nuestras relaciones, yo gemía y gritaba de placer, pidiéndole que me diera más, y más duro.

Le aruñé la espalda, así como sus nalgas, mientras que él sin detenerse, continuaba metiendo, y sacando una y otra vez toda su verga de mi coño.

Estaba extasiada, disfrutando de todo aquello que mi hermanito me hacía, hasta que luego de un buen rato, ya inevitablemente ambos disfrutamos de un arrebatador clímax.

Tras el cual los dos nos quedamos tendidos sobre su cama, ni idea tengo de la hora en que tanto él como yo nos levantamos, y tras darnos otro fogoso beso, me encaminé al baño para asearme.

Al poco rato mientras estaba sentada en el bidet terminando de asearme, mi hermano entró al baño y se lavó su verga en el lavamanos.

Pero al él pasar frente a mí lo detuve, y sin decirle nada con una de mis manos agarré su miembro y me lo llevé a la boca, para ponerme a mamárselo.

Definitivamente a mi hermanito le encantó lo que le estaba haciendo, pero en cierto momento cuando ya se le había vuelto a poner bien dura, me invitó para que nuevamente nos fuéramos a su cama, lo que gustosamente acepté.

Por otro largo rato disfrutamos, para luego volver a sentir como toda su verga penetraba mi coño.

Después de esa sabrosa noche, mi hermano y yo nos hemos convertido en amantes, pero resulta que es algo celoso, y no le agrada que salga con chicos de mi edad.

Pero además de eso, desde esa noche casi a diario me pedía que lo dejara darme por el culo.

Al principio me opuse tenazmente, pero él insistió tanto, y tanto que finalmente en otra ocasión que nuestros padres se encontraban en la casa de la playa, le dije que sí.

Ahora soy yo a la que me encanta que me de por el culito.