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«Y desde cuando te gusta vestirte de mujer? Pinche joto”

Hace unos cuantos días mis vecinos, me comunicaron que se iban de viaje a Tierra Santa, y que su hijo un chico universitario con el que en varias ocasiones yo he conversado se quedaba debido a sus estudios.

En ese momento me despedí de ellos, sin darle mucha cabeza, pero a los pocos días en horas de la noche cuando salí a tomarme unas cervezas.

Me di cuenta de que una llamativa chica salía de la de mis vecinos, y me pareció que iba algo mareada, por su manera de caminar.

Pensé que se trataba de alguna amiga o novia del hijo de mis vecinos, pero no le di importancia.

Como ella iba en la misma dirección en que yo iba, al poco rato le di alcance, al caminar a su lado, me pareció que la conocía, así que seguí rumbo a la cervecería.

Ya me estaba tomando mi primera cerveza, cuando la vi entrar, al ella llegar a la barra, me llamó la atención sus llamativos labios rojos, así como sus paradas nalguitas.

Pero al verla detalladamente, me di cuenta de que se trataba del hijo de mis vecinos, vestido de mujer.

Realmente si no es porque lo conozco y en varias ocasiones hemos hablado, pensaría que realmente se trataba de una chica, por lo que, haciéndome el inocente, le busqué conversación, al tiempo que le invité una cerveza.

La que sin demora alguna aceptó, ya que por lo visto había estado bebiendo desde temprano en su casa.

De la barra lo invité a que fuéramos a una mesa, lo que tras pedir otras cervezas aceptó, lugar donde seguimos charlando, él al principio con una aflautada voz femenina.

Pero al rato siguió usando su propia voz, pero eso si siempre manteniendo la manera de actuar de una chica.

Ya llevábamos unas cuantas cervezas, cuando colocando mi mano sobre la de él le pregunté, de manera discreta. “¿Y desde cuando te gusta vestirte de mujer?”

El hijo de mis vecinos se quedó frío, como petrificado, y en ese instante le comenté. “De no ser porque te conozco, jamás hubiera pensado que eras un chico.”

El bien avergonzado me dijo, que mientras se bebía unas cuantas cervezas, estaba viendo una película llamada la Chica Danesa, y como el personaje principal de la misma es un hombre, que se viste de mujer, para servirle de modelo a su esposa.

Se puso a pensar cómo se vería él vestido de mujer, por lo que decidió hacerlo, para según él ver como se veía, pero luego al verse al espejo, pensó que nadie se daría cuenta de que era un chico, por lo que se retó a si mismo a salir a la calle.

Le dije que lo comprendía, ya que es algo que también me he preguntado, pero que nunca había llegado más haya de pensarlo.

Eso como que hizo que bajara la guardia, ya que siguió comportándose como toda una chica, mientras que yo le iba diciendo lo linda que se veía con ese sencillo vestidito.

Y sin quitar mi mano de la de él, le dije en varias ocasiones que realmente parecía toda una chica, y hasta me dijo que había pensado en usar un nombre femenino.

Tras tomarnos otras cervezas, de momento me provocó invitarlo a bailar, y sin soltar su mano, lo fui conduciendo a la pista, donde ya otras parejas bailaban suavemente.

Así que a medida que fuimos bailando, yo seguí diciéndole lo linda que se veía, y apretándolo contra mi cuerpo, momento en que en varias ocasiones aproveché para acariciar sus paradas nalgas, y seguir susurrándole al oído lo buena que estaba.

La cosa es que a medida que seguimos bailando, lo seguí abrazando, y poco a poco acariciando todo su cuerpo, yo no sé si sería lo mucho que él y yo habíamos bebido hasta esos momentos, pero cuando me provocó darle un beso.

En lugar de rechazarme, dejó que continuase, sintió toda mi lengua dentro de su boca, mientras lo apretaba contra mi cuerpo.

Cuando terminamos de bailar, pagué la cuenta, y regresamos a casa, durante todo el trayecto le fui acariciando las nalgas, y besándolo de igual forma.

La cosa es que apenas llegamos a su casa, me invitó a entrar, ya dentro nos seguimos besando, y acariciando en la sala.

De momento él vio que extraje mi parada del pantalón, al tiempo que coloqué una de mis manos sobre su nuca, y sin mucho esfuerzo de mi parte hice que se pusiera a mamar mí ya parada verga.

En cierto momento me preguntaba, a mí mismo, como era posible que le estuviera haciendo eso, al hijo de mis vecinos, pero al mirarlo a los ojos y ver su cara de felicidad, lo dejé que siguiera, mamando mi verga.

Hasta que la retiré de su cara, diciéndole. “Ahora, querida lo que deseo es que me des ese apretado culito”.

En lugar de negarse, lo que hizo fue levantar la corta falda que tenía puesta, bajarse los pantis y reclinándose sobre el sofá me ofreció sus redonditas nalgas, como si fuera la cosa más normal del mundo.

Sentí como mi caliente glande, atravesaba su esfínter, al tiempo que le decía que se relajara, para que no le fuera a doler.

Posteriormente me comentó que un par de horas antes, él había estado disfrutando de un grueso frasco de champú, mientras me duchaba, introduciéndoselo por el culo una y otra vez, mientras se masturbaba.

La cosa es que desde luego que, si le dolió un poco, al principio, pero a medida que le fui enterrando todo mi miembro, él comenzó a mover sus caderas, como si realmente fuera toda una chica.

Sentía como mi verga entraba y salía una y otra vez divinamente de su apretado culito, con mi boca le mordisqueaba la nuca, y el lóbulo de su oreja, cuando no era que le decía que estaba bien rica.

Esa noche lo puse como me dio la gana, cabeza abajo, y su culo para arriba, También hice que se recostase boca arriba, y que separase sus piernas, mientras lo sujetaba por los tobillos, enterrándole toda mi verga, por entre sus nalgas.

En fin, hasta perdí la cuenta de las veces que me volvió a mamar mi verga, esa noche a pedido de él hasta acabé en su boca y cara.

Cuando se levantó al siguiente día, aparte del dolor de cabeza, por lo mucho que bebió, me dijo que al principio no se acordaba de nada, pero al verse en el espejo, comenzó a recordar todo lo sucedido.

También me dijo que en parte quiso echarme la culpa por haberme aprovechado de él, pero a medida que comenzó a ducharme, reconoció que bien pudo evitar que todo eso le sucediera, y a medida que se duchaba, fue recordado como disfrutó de todo lo que le hice.

Cuando vino saliendo de su casa, me lo encontré, y me pareció que se moría de vergüenza, yo actué como si nada, lo saludé, y hasta le dije algo acerca de una de las matas del jardín, luego se despidió, no sin antes decirle que me agradaría volver a pasar la noche con Angela.

Me di cuenta de que se quedó sin saber que decirme, se despidió, y me fue a la universidad.

Cuando regreso a su casa, al verme por la ventana, de inmediato me invitó a pasar, y una vez dentro me pidió que por favor esperase a que se duchara, lo de la ducha fue una excusa, la verdad es que de inmediato se volvió a vestir de nena, para atenderme.

Lo mejor de todo fue que no nos hizo falta tomar nada de alcohol, para que él y yo nos volviéramos a divertir.

Eventualmente sus padres regresaron de su viaje, por lo que nos hemos seguido viendo en mi casa.