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Era una noche aburrida, así que decidí que era el momento de dar un paseo. Mientras paseaba por el barrio cuando de repente escuché un sonido extraño. Miré en la dirección de la casa de la que provenía pero no pude ver a nadie. Decidí investigar y me acerqué.

Al llegar a la casa, los gemidos eran cada vez más intensos. Pensando que alguien estaba herido, seguí el sonido hasta la parte trasera de la casa. El sonido provenía del interior. Me di cuenta de que había una luz encendida a través de una pequeña ventana, que supuse que era el baño debido al tamaño y la altura de la ventana. Había algunos arbustos debajo de ella, pero no había nada sobre lo que apoyarse.

Me agarré a la cornisa con la punta de los dedos y me levanté. En lugar de una mujer herida, vi a dos mujeres en posición de 69. Una estaba metiendo y sacando un vibrador de la otra. No podía apartar la vista de este espectáculo. Mientras seguían lamiendo, chupando y follando la una a la otra, mi polla crecía más y más hasta que sentí que iba a explotar y despertar a todo el vecindario.

De repente, las dos mujeres empezaron a correrse una y otra vez. Grité mientras perdía el control y caía al suelo y a los arbustos. Me corté en varias partes de los arbustos y supe que me habían oído. Intenté correr pero mi polla dura, mis brazos cortados y mi tobillo torcido hacían muy difícil ir a cualquier parte.La ventana se abrió de golpe y las dos chicas me gritaron.

Una de ellas se dio cuenta de la b***d en mi brazo cuando volví a tropezar y caer. Me dijo que me quedara donde estaba o que iba a llamar a la policía. No discutí. Cuando se acercó a mí, sentí que me iban a disparar. Me ayudó a ponerme de pie y a entrar en la casa.

Me dijo que me sentara en la mesa de la cocina y que no me moviera. La otra chica estaba detrás de mí con un bate de béisbol esperando la oportunidad de atacar. Mientras la primera chica me limpiaba las heridas y me vendaba el tobillo, hice todo lo posible por explicarle lo que había sucedido. No estaba seguro de que me creyera, pero me dijo que no llamaría a la policía si reparaba el daño que había hecho. Me dijo que tenía que volver ese fin de semana y reparar los arbustos, rellenar los agujeros que había hecho en el césped y hacer todo el trabajo de jardinería alrededor de la casa.

Bien, dije, esperando que eso fuera todo. Pero también debía limpiar las alfombras en las que se había derramado mi polla y todas las demás alfombras y suelos. Vale, cualquier cosa para no ir a la cárcel. Pero aún no había terminado conmigo. Ya que les había interrumpido en un momento muy inoportuno, tendría que compensarles.

Con eso, entró en el baño y volvió con el vibrador. Me lo entregó y me preguntó si sabía usarlo. En ese momento era un tonto tartamudo. Se quitó la bata y se sentó en la mesa frente a mí. Abrió lentamente los muslos para dejar al descubierto un coño ligeramente cubierto de vello y empapado.

Dejé que la punta del vibrador se posara en su clítoris durante un segundo y luego continué acariciándolo. La otra chica había dejado el bate y ahora también estaba desnuda y de pie junto a ella. La otra chica había dejado el bate y también estaba desnuda y de pie junto a ella.

Con una mano controlaba el vibrador y con la otra empezaba a masajear la vagina de la segunda chica, dejando que un dedo o dos acariciaran su interior. Ahora estaba bombeando a las dos chicas tan rápida y expertamente como sabía. Una con un juguete, la otra con mi reproductor de juguetes. Gemían tan fuerte que pensé que los vecinos podrían oírlas, pero a estas alturas a quién le importaba. Finalmente, después de lo que habría jurado que fue una hora, ambos empezaron a estremecerse y a correrse al mismo tiempo. La habitación, mis manos y mi camisa se llenaron de olor y de los jugos de su sexo.

Después de que se volvieran a poner las batas, dejándome allí sentado con una erección furiosa y la boca abierta, me recordaron que volviera el sábado por la mañana temprano para empezar mi castigo. Intenté tartamudear sobre mí y mi polla dolorida, pero me dijeron que esa era la primera parte de mi castigo. El sábado sería algo que no querría perderme.