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Por lo que más quiera, no se lo vayas a contar a nadie

La primera vez que sentí un ataque de ansiedad, fue justo después de que mi esposo, me comunicó que debíamos comenzar a economizar, o de lo contrario la íbamos a pasar muy mal.

Y si bien es cierto que él me explicó todo, yo únicamente me imaginaba la miseria que nos esperaba.

Desde ese día, comencé a padecer de un fuerte ataque de ansiedad , por lo que lo único que se me ocurrió, para tratar de controlarme fue quitarme el vestido que cargaba puesto, y ya estando únicamente en pantis y sostén, dirigirme de inmediato a la piscina, que tenemos en el patio trasero de casa.

Ya dentro del agua, comencé a sentirme un poco más relajada hasta que, de momento, sentí un ligero escozor entre mis piernas.

Sin darle mucha importancia, con una de mis manos comencé a tocarme, cosa que en otras ocasiones bastaba que pasara mis dedos ligeramente, por entre mis muslos, para que se me calmase.

A medida que comencé a pasar mis dedos por sobre mi piel, fui sintiendo que esa sensación iba en aumento, al grado que en lugar de seguir pasando mis dedos por entre mis muslos, introduje mi mano dentro de los pantis, que estaba usando, y comencé a tocar mi coño directamente.

Ya a los pocos segundos, además de seguir tocando toda mi vulva, fui introduciendo mis dedos, hasta que agarré mi clítoris, y comencé a apretarlo fuertemente con mis dedos.

Sin importarme que alguien me fuera a ver, yo seguía acariciando con fuerza todo mi coño, por lo que, en cierto momento, yo misma terminé por quitarme los pantis.

Con el agua hasta la cintura, a medida que seguía acariciando todo mi desnudo coño, más placer sentía, y más me provocaba seguir haciendo eso.

Cerraba mis ojos, y con más fuerza acariciaba mi coño, introduciendo casi por completo todos mis dedos dentro de mi vulva.

Hasta que de momento me sentí siendo observada, y al abrir mis ojos, que me encuentro al chico que se encarga de limpiar la piscina.

Observándome de pie al borde de la piscina, como a un metro de donde yo me encontraba con mis piernas bien abiertas, metiendo y sacando por completo casi toda mi mano, de mi cuerpo.

De nada más verlo, me di cuenta de que se encontraba sumamente excitado observando como yo me autosatisfacía.

En mi vida había hecho algo semejante, pero en lugar de detenerme, me acerqué a la orilla, y mientras con mi mano derecha, continuaba agarrando sabrosamente todo mi coño.

Con la izquierda lo tomé por el pantalón corto que estaba usando, suavemente se lo fui bajando, sin que él hiciera algo por evitarlo.

A medida que le fui bajando el pantalón su erecto miembro fue emergiendo, como si tuviera vida propia.

En mi mente me decía a mí misma que estaba actuando como una loca, pero a pesar de lo que yo estaba pensando, continué bajándole el pantalón, hasta los tobillos.

El chico tenía sus manos ocupadas, en una tenía un cubo lleno de quien sabe qué, mientras que en la otra mano cargaba, un tubo largo de aluminio, al que le pega una especie de colador, para recoger hojas.

La cosa que casi apenas le terminé de bajar el pantalón, el chico se lo terminó de quitar, con los pies, y dejó caer todo lo que llevaba en sus manos, y sin decir nada se metió de inmediato en la piscina.

En ese momento yo saqué mis dedos de mi coño, y en cosa de segundos nos abrazamos, sentí sus labios sobre los míos, y como sus manos acariciaban todo mi cuerpo, y me despojaba del sostén, dejando mis tetas por completo al aire.

Fui sintiendo como aquel jovencito, sin perder el tiempo, comenzó a penetrarme sabrosamente con su miembro dentro del agua.

Lo cierto es que mi cabeza parecía que iba a estallar, ya que, aunque por breves segundos me seguía recriminando yo misma lo que estaba haciendo.

Casi de inmediato dejé de pensar estupideces, y con sumo placer comencé a mover mis caderas, sintiendo como su juvenil y erecta verga entraba, y salía una y otra vez de mi caliente coño.

En cierto momento, en que me sacó toda su verga, yo casi de inmediato di vuelta, separé mis piernas, y dejé nuevamente que penetrase mi coño.

Con sus fuertes manos continuó acariciando mis tetas, y agarrando mi coño, mientras que yo no paraba de menear mis caderas, y de gemir placenteramente, cada vez que él me volvía a enterrar toda su dura y caliente verga.

Por un buen rato permanecimos así, dentro de la piscina, hasta que sentí, que él se venía, al mismo tiempo que yo disfrutaba de un placentero, y super relajante orgasmo.

Justo en el mismo instante que él me sacó su verga de mi coño, caí en cuenta de lo que había acabado de hacer, y aunque me sentía super relajada, y tranquila.

Lo único que se me ocurrió decirle fue. “Por lo que tú más quiera, no se lo vayas a contar a nadie”.

A lo que me respondió. “No se preocupe, que, aunque yo se lo contase a quien fuera, nadie me lo va a creer”

Yo, de lo más tranquila recogí las piezas de mis pantis y mi sostén, salí del agua, y tal como me encontraba, me dirigí a mi casa, mientras que él después de volverse a poner su pantalón, se dedicó limpiar la piscina.

Luego de esa ocasión, me sucedió algo similar, en la estación de gasolina, regresaba yo de una subasta de caridad, a la que fui a pesar de que mi marido, me estuvo diciendo y recordando durante todo el día, que no fuera hacer ningún gasto.

Por lo que ya antes de llegar a la subasta, comencé a sentir un ataque de ansiedad similar al que sentí en la piscina.

Pero por encontrarme en compañía de varias de mis amistades, procuré controlarme, lo más que pude.

Pero ya a eso de las once de la noche, a medida que fui conduciendo, volví a sentir ese raro escozor dentro de mi coño. Por lo que de inmediato, como pude me bajé los pantis, y a medida que iba conduciendo comencé a acariciar mi coño viciosamente.

Fue cuando en mi desespero, me acordé de que en la estación de gasolina, por lo general después de que la cierran a eso de las diez de la noche, se queda un guardia privado, bastante joven.

Así que apenas estacioné mi auto, aquel joven se me acercó, con precaución, seguramente al ver que se trataba de una mujer, lo primero que me dijo fue. “Lo siento señora, ya la estación está cerrada.”

Sonriendo seductoramente, fui abriendo la puerta de mi auto, y sin vergüenza alguna separé mis piernas, mostrándole mi desnudo coño, le dije. “Yo no estoy aquí precisamente por gasolina.”

Y como dice el dicho, a buen entendedor pocas palabras bastan, de inmediato él se dirigió al poste de la luz, no sé cómo lo hizo, pero lo apagó, quedando por completo toda la estación de gasolina a oscura.

Yo me bajé de mi auto, y de inmediato aquel joven se me volvió acercar, preguntándome que era lo que yo deseaba, por lo que, viéndolo directamente a los ojos, estiré una de mis manos, le agarré entre las piernas, y le pregunté. “¿Tú que crees?”

Casi de inmediato mientras nos apoyábamos en mi auto, él comenzó a besuquearme por todas partes, al tiempo que sus manos las introdujo bajo mi falda, y de inmediato comenzó a agarrar mi coño con fuerza.

Quizás fue la manera tan salvaje en que me agarró, que me excitó tanto, ya que hasta le pedí que me mamara el coño.

Para mi sorpresa y sin perder tiempo, se agachó frente a mí, me levantó la falda, y se dedicó a mamar todo mi coño, chupándome divinamente mi clítoris, y mordisqueando sabrosamente los labios de mi vagina.

Yo coloque mis manos sobre su cabeza, y restregué su rostro contra mi vulva, hasta que mi calentura, y excitación era tal, que le dije a toda voz que me metiera toda su verga, cosa que hizo casi de inmediato.

Mientras que yo me mantenía apoyada contra mi auto, él extrajo su miembro del pantalón, y sin pérdida de tiempo, me penetró bruscamente.

Así que mientras que yo gemía, y chillaba de placer, moviendo mis caderas, restregándole mis nalgas contra su cuerpo, podía sentir como su caliente, y juvenil verga entraba, y salía una y otra vez de mi caliente coño.

Creo que a medida que él me estuvo clavando, pasaron uno que otro vehículo frente a la estación de gasolina, pero al ver todo apagado continuaron su camino.

Mientras que disfrutábamos de manera salvaje de un ardiente sexo, prácticamente a la luz de las estrellas.

Pero en esa ocasión una vez que mi amante se vino, fue él quien me puso a mamar su verga, lo que con mucho gusto y placer hice, hasta que se vino por completo dentro de mi boca, haciendo que me tragase gran parte de su leche.

Tras lo cual, como si nada hubiera sucedido entre nosotros dos, yo me volví a montar en mi auto, y seguí en dirección a mi casa, diciéndome a mí misma, que me había comportado como una loca, pero feliz de haberlo hecho.

Y así cuando me han dado esos ataques de ansiedad, la única manera que tengo de controlarlos es esa, aunque mi terapista me dice que eso es una excusa barata, que yo misma he creado, para no sentirme mal, por serle infiel al pendejo de mi marido.