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Departamento de soltero. Segundo año. Dejando la sequia atrás. Cap.1

No leíste la primera parte de «Departamento de soltero»? En total son 10 capítulos super calientes y te van a encantar! Acá te dejo el link para que entres y te deleites:

Tras un primer año de vivir solo en su nuevo departamento de soltero, Lautaro continúa disfrutando al máximo su vida sexual en una casa que se empieza a llenar de recuerdos placenteros y emocionantes entre sus amigas, vecinas y ex amantes. Esta historia es ficción, eso no quiere decir que algunos hechos no sean reales…

Capítulo 1: Verano encendido

   Su cuerpo se movía descontroladamente encima del mío a cada segundo que pasaba. La temperatura había llegado al máximo en ese verano ardiente que parecía ser inaguantable a pesar de que el aire acondicionado funcionaba a más no poder. Su cuerpo transpirado rozaba el mío y yo me excitaba más y más a medida que ella me cogía con sus movimientos increíbles. Mis manos permanecían atadas encima de mi cabeza tal cual ella lo había ordenado al comienzo de la escena. Mis ojos no se corrían de sus tetas que saltaban de forma increíble y me cautivaban con cada golpe que daban al caer. Su cintura se movía aceleradamente y su conchita empapada envolvía mi pija haciéndome sentir un placer increíble.

   – ¡Dale hijo de puta! ¡Acabame toda!- Me gritó Sofía y yo estallé adentro de su cuerpo sin poder aguantarme.

   En tan solo unas semanas las cosas habían cambiado muchísimo y de alguna forma u otra, lo que perfilaba ser un fin de año, terminó siendo uno totalmente distinto. Empezando por mis amigos, Franco se puso de novio con Julia, la rubia preciosa que trabajaba en el estudio de su padre y con la que él venía saliendo hacía ya un tiempo. Para evitar cualquier inconveniente, ella decidió renunciar al estudio y el padre de Franco la ayudó a conseguir un nuevo trabajo, por lo que la relación había sido muy bien aceptada. “No saben lo que es… ¡Una bomba!” nos contó nuestro amigo cuando le preguntamos qué tal era su nueva novia en la cama. Lucas había formado un grupo musical el cual había conseguido dar algunos shows en eventos de fin de año que lo ayudaron a hacerse un poco de fama y habían dado algunos recitales en diferentes bares de la ciudad. Seguía viéndose con Anastasia, la chica unos años menor que él que estudiaba bellas artes y lo iba a ver a cada uno de sus conciertos. Javier había conseguido recibirse de ingeniero tras rendir su última materia y se había embarcado en un viaje al norte del país y a Bolivia y Perú que lo iba a tener casi cuatro meses explorando el continente. “Excelente experiencia amigo, debe ser una locura todo eso” le dijo Lucas días antes de que se fuera de viaje. Las chicas de la secundaria, Ana Laura, Natalia y Elisa, seguían cada una con su vida, aunque habían formado un nuevo grupo con algunos amigos de la facultad de Natalia y otro de la facultad de Elisa, por lo que nos habían corrido un poco de su vida.

   En cuanto al grupo de la facultad, poco a poco íbamos perdiendo contacto, principalmente por el problema que se había generado conmigo y Macarena. Luego de acostarme con ella a la vez que lo estaba haciendo con Ana Laura, Maca se ofendió muchísimo conmigo y a pesar de que había decidido perdonarme, en los hechos no lo hacía. Lucía y Estefanía se habían puesto de su lado y coincidían con ella en todo, adhiriéndose Luciano a ese argumento simplemente por ser el novio de la última y no contradecir a su pareja. Juan Pablo, que debido a su inclinación sexual siempre se había llevado mejor con las mujeres del grupo, apoyaba en todo a Macarena, aunque últimamente se había alejado un poco del grupo. El único que coincidía conmigo era Facundo, que debido a esto había optado por no participar más de las reuniones de la facultad y se había sumado a las juntadas con los chicos del secundario.

   Pero yendo a lo verdaderamente importante, Sofía y yo volvimos a encontrarnos luego de nuestra primera vez tan solo cuatro días más tarde. Ella me confesó que le había encantado el sexo conmigo y que tenía intenciones de volver a experimentarlo, algo que yo también sentía deseos. Es por eso, que unos días después de nuestro primer encuentro, volví a bajar a su departamento para coger con mi vecina y escuchar sus gritos y gemidos una vez más. Así, nos terminamos transformando en el sexo fijo del otro y cada vez que alguno de los dos estaba con ganas, mandaba un mensaje y acordábamos para un encuentro. Lo mejor de todo era que no pasaban más de tres o cuatro días en darse dichos encuentros, los cuales solían ser muy poco planeados y cortos, pero muy placenteros.

   Tuve que contarle a Victoria que era yo quien había hecho gritar de esa forma a nuestra vecina ya que no quería que se enterara por nadie más. La situación fue muy incómoda, pues Victoria me había escrito el mismo día que tuve mi primera vez con Sofía para hacerme saber que estaba interesada en que algo pasara entre nosotros dos. Cuando le conté que me estaba viendo con la chica del piso de abajo, ella automáticamente alegó que se trataba de una broma pero yo me di cuenta que no era cierto. Por mi cabeza pasó la idea de cortar todo con Sofía y de decirle a Victoria que me moría de ganas de que fuera real, pues no solo era hermosa sino que me encantaba su forma de ser y como se comportaba cuando nos juntábamos a tomar mates y charlar. Ella insistió en que yo era un galán y que parecía tener un imán para las mujeres, pero de forma irónica se burló de como todas las chicas con las que tenía sexo tenían la necesidad de gritar como locas.

   Los primeros días del año Sofía se tomó unas pequeñas vacaciones, haciendo que yo tuviera que esperar diez días para volver a verla. En ese momento tuve las intenciones de salir al palier y tocarle el timbre a Victoria para hacerle saber que me moría de ganas de estar con ella. Pero todo cambió cuando la vi llegar a su departamento con un chico. Me los crucé a los dos en el palier, mientras yo salía para ir al supermercado y ella volvía con su nuevo compañero. Me lo presentó como Nicolás, un amigo, pero la forma en la que él le acarició la cintura ni bien salieron del ascensor me hizo saber que se trataba de algo mucho más que un amigo. Esa noche me mandé unos mensajes bien calientes con Sofía, los cuales me dejaron al palo y me llevaron a hacerme una paja con las intenciones de calmar mi calentura.

   – ¿Me extrañaste mucho?- Me preguntó Sofía ese domingo a la noche luego de escribirme un mensaje para avisarme que había vuelto y que tenía ganas de verme.

   Le propuse que viniera a mi departamento ya que ella todavía tenía las cosas del viaje desordenadas en su habitación. Aceptó rápidamente y luego de que llegara, me propuso que nos diéramos una ducha para refrescarnos un poco. En esta, los besos y las caricias se hicieron presentes y aprovechamos el momento para calentarnos un poco. Yo salí antes que ella y tras secarme rápidamente, fui a la cama y me empecé a acariciar el cuerpo pensando en las cosas que iba a hacer con mi vecina. Era la primera vez que jugaba de local y me sentía motivado. La sola idea de volver a coger con ella, de sentir su cuerpo cayendo violentamente sobre el mío y de escucharla gemir e insultarme, hizo que la pija se me pusiera totalmente dura. Cuando Sofía salió del baño y entró a la habitación desnuda y con el pelo mojado, yo tenía una mano en la pija y me tocaba con ganas.

   – ¿Empezaste solo?- Me preguntó al ver esa escena y dejó caer la toalla en el piso para revelar su hermoso cuerpo.

   Le pedí que viniera a la cama conmigo y ella se subió y vino gateando hasta sentarse encima de mi cintura. Sentí como su cola rozaba mi verga a medida que me iba besando apasionadamente y como sus tetas acariciaban mi pecho bamboleándose sutilmente. Yo apoyé mis manos en su espalda y poco a poco las fui bajando por su cuerpo hasta llegar a su cola, la cual agarré con firmeza y la sacudí un poco. “¡Agarraste colorcito!” le dije al notar su piel bronceada por haber pasado varios días en la playa y debajo el sol. Sofía sonrió y me besó de nuevo, metiendo su lengua en mi boca y calentándome aún más.

   Poco a poco los besos se volvieron más fogosos y se fueron trasladando a diferentes partes del cuerpo. Ella buscó mi cuello y mis hombros, mordisqueándolos suavemente y humedeciéndolos con sus labios carnosos. Por mi parte, bajé hasta sus tetas y mientras las apretaba con firmeza, las fui lamiendo hasta dejarle los pezones bien duros. Sofía aprovechó su posición encima de mi cuerpo para ir subiendo con su cintura por mi pecho hasta llegar a colocarla encima de mi cara, de la misma forma en la que lo había hecho la primera vez que estuvimos juntos. “¡No sabés como extrañé tu lengua!” me confesó y colocó su entrepierna en frente de mi rostro para que yo pudiera complacerla.

   Rápidamente la besé en sus labios al mismo tiempo que mis manos se colocaban alrededor de sus piernas y sujetaba firmemente. Ella se agarró del respaldar de su cama y dejó que mis besos la relajaran por completo. No tardé en abrir la boca y comenzar a chuparle la conchita con todas mis ganas, disfrutando de ese sabor delicioso que salía de adentro de su cuerpo. Mi lengua apareció al cabo de unos segundos, para colarse entre sus piernas y poder llegar hasta su clítoris y así terminar volviéndola loca de placer. Sofía comenzó a gemir suavemente y dejó que su cuerpo se moviera descontroladamente al ritmo de mi lengua, la cual se aceleraba cada vez más. “¡Así! ¡Chupámela toda hijo de puta! ¡Dale!” me decía ella motivándome a darle placer de manera cada vez más salvaje.

   Luego de varios minutos de complacerla con mi boca, Sofía volvió a bajar por mi cuerpo y se fue acomodando entre mis piernas. Bajó con su lengua por mi pecho, mi cuerpo y llegó a mi cintura, la cual lamió de lado a lado mientras que sus dedos jugaban sutilmente con mi pija. La fue agarrando lentamente y luego comenzó a pajearme de una manera muy sensual mientras que sus labios seguían sobre mi cintura. Sus ojos se elevaban de vez en cuando para llegar a los míos y lanzarme una mirada muy sensual que me volvía loco y me calentaba cada vez más. “¡Como extrañaba esta pija!” me dijo colocando su boca encima de ella y amagando a chuparla una y otra vez.

   Pero entonces aproveché la debilidad de su posición para tomar control sobre ella. Rápidamente me arrodillé delante suyo y con una mano la sujeté del pelo y tiré de este hacia atrás para que su cabeza quedara apuntando hacia arriba. La miré fijo a los ojos y le dije con voz firme que a partir de ese momento, era yo quien dominaba la situación. En su cara se dibujó una sonrisa bien morbosa que hizo que todo mi cuerpo temblara. “Sí, soy toda tuya” me dijo ella y continuó masturbándome de forma bien lenta y delicada. Era la primera vez que yo me imponía ante su actitud dominante y eso me generó una sensación deliciosa que me llevó a sujetarla aún más fuerte del pelo y obligarla a chuparme la verga.

   Sofía abrió bien grande la boca y se comió mi pija, la cual estaba totalmente al palo. El pete fue mucho más agresivo y violento de lo que había sido las veces anteriores, pues era yo quien marcaba el ritmo en este momento. Movía su cabeza hacia adelante y hacia atrás a gran velocidad provocando que mi verga entrara y saliera de su boca, la cual generaba saliva constantemente. Nunca antes la había dominado yo a ella en nuestros pocos encuentros sexuales, por lo que la necesidad de ser quien daba las órdenes, me llevó a cogerle la boquita poco a poco. Comencé a mover mi cintura hacia adelante y hacia atrás y dejé su cabeza quieta para cogérmela con todas mis ganas. Sentía como ella se ahogaba y escuchaba sus quejidos por mi verga entrando bien a fondo de su garganta, sin embargo se quedaba quieta para que pudiera seguir disfrutándola a mi manera.

   – ¡Así te quería tener, trola!- Le dije moviendo mi cintura bien rápido para cogerme sus labios.

   Cuando la solté, Sofía se corrió hacia atrás y dejó caer un hilo de baba desde sus labios hasta las sábanas. Se la notaba colorada, como si le faltara la respiración. A pesar de eso, obedeció al instante cuando le dije que se diera vuelta y se pusiera en cuatro para poder cogérmela con todas mis ganas. Ni bien me acomodé detrás de ella, le pegué un chirlo bien fuerte que dejó la marca de mi mano en uno de los cachetes de su cola. “¡Ahhh!” gritó ella en una mezcla de dolor y placer y tirándole del pelo le dije que no protestara. Cuando la solté, Sofía volvió a decirme que sí y como si estuviera suplicándome, me pidió disculpas, algo que me puso completamente al palo.

   Empecé a cogérmela a toda velocidad, metiendo mi pija en su conchita totalmente mojada y sujetándola con fuerza de la cintura. Sofía no tardó en comenzar a gemir como loca, sintiendo como me clavaba bien a fondo de su cuerpo a cada segundo que pasaba. Levanté una de mis manos y la bajé a toda velocidad de nuevo encima de su cola, azotando el otro cachete y dejándolo colorado como el primero. “¿Te gusta cómo te cojo? ¡Puta de mierda!” le dije con voz seria y ella no tardó en responderme de forma afirmativa, mientras seguía gimiendo de manera acelerada. Sus gritos rebotaban en la pared y entraban en míos oídos, volviéndome más y más loco de placer.

   – Levantá las piernas. Te voy a coger con ganas.- Le dije luego de cambiar de posición y pedirle que se acostara en el colchón boca arriba.

   Cuando lo hizo, le clavé nuevamente mi pija bien a fondo y ella ahogó un grito que me dio la oportunidad de meterle un dedo en la boca para que lo chupara al mismo tiempo que yo la cogía. Con total agresividad me empecé a mover hacia arriba y hacia abajo, clavando mi pija una y otra vez en su cuerpo y sintiendo un placer increíble. Veía las expresiones que Sofía hacía y como se ahogaba con mi dedo y eso me encantaba. Era la primera vez que la veía comportarse de esa manera sumisa a la hora del sexo y me volaba la cabeza. Lo hacía igual de bien como cuando me dominaba, generando un ambiente súper caliente que se ponía cada vez mejor. Mi verga entraba bien a fondo de su cuerpo y sentía la humedad de su concha que no dejaba de mojarse.

   Entonces supe que podía hacer lo que quería con ella y decidí que así iba a ser. “¡Ponete de nuevo en cuatro!” le dije y luego de que Sofía obedeciera me agaché detrás de ella para abrir su hermoso culo con ambas manos. Tenía la conchita completamente abierta y mojada, por lo que no me pude aguantar las ganas de pasarle la lengua un par de veces y sentir el sabor de su cuerpo. Sin embargo no tardé en subir mi lengua hasta su cola y empezar a comérsela a lo bestia, lamiéndole el culito a toda velocidad. “¡Te voy a coger el orto ahora! ¿Me escuchaste?” le dije de forma agresiva y mordí una de sus nalgas para demostrar autoridad frente a esa situación. Sin protestar y sin reprochar, mi vecina me dijo que sí y siguió disfrutando de mi lengua. Poco a poco fui probando con un dedito y cuando este entró y salió de su cuerpo sin ningún problema, supe que estaba listo para recibir mi pija.

   Se la fui metiendo despacito, tanteando un poco la situación, ya que era la primera vez que tenía sexo anal con ella. Sin embargo Sofía parecía estar disfrutando a pleno de ese momento y su culito se abrió suavemente para recibir toda mi verga bien dura y mojada. Una vez la tuvo adentro, me empecé a mover hacia adelante y hacia atrás con movimientos cortos pero efectivos que lograron sacarle unos hermosos gemidos de placer. Volví a pegarle un chirlo, aunque no fue tan fuerte como los dos anteriores, pues no quería abusar de ese momento. Poco a poco empecé a moverme de forma más acelerada, logrando movimientos bien profundos que hacían desaparecer toda mi pija adentro de su culito.

   – ¿Te gusta, pedazo de puta? ¿Te gusta cómo te cojo el orto?- Le pregunté dejándome llevar por el momento y acelerando aún más mis movimientos.

   El problema fue que Sofía no pudo responder. Al empezar a moverme cada vez más rápido, sus gemidos y sus gritos comenzaron a salir uno atrás de otro y le hicieron imposible responderme. Sin embargo no hacía falta, me daba cuenta gracias a esos alaridos lo mucho que estaba disfrutando de ese momento. Mi pija entraba y salía a toda velocidad de su culito y yo lo sentía tan apretado que mi placer aumentaba a cada momento. “¡Voy a acabar! ¡Te voy a llenar de leche!” le dije sin dejar de cogérmela con toda la furia y sin dejar de escuchar sus gritos resonar por toda la habitación. Rápidamente saqué mi pija y empecé a acabar encima de su cola toda roja, llenándola de leche blanca que resaltaba por sobre su piel.

   Los dos caímos rendidos en la cama después de eso. Nuestros corazones latían a toda velocidad, nuestros cuerpos seguían transpirando del calor y mi pecho subía y bajaba mientras trataba de recuperar el aire. Sofía aprovechó la oportunidad para confesarme que hacía mucho tiempo no la dominaban de esa manera en el sexo y para contarme que hacía bastante que no tenía sexo anal. Luego de eso hablamos unos minutos de su viaje y decidimos darnos una ducha para refrescarnos un poco. Se cambió, salió del departamento y cuando bajó por las escaleras escuché como la puerta de la casa de Victoria se abría y ella me miraba con una sonrisa morbosa desde el otro lado. Los dos permanecimos en silencio hasta que se escuchó como Sofía cerraba la puerta de su casa

   – ¡Cuidado! No vaya a ser cosa que termines esposado a la cama.- Me dijo mi vecina y tras aumentar el tamaño de su sonrisa, cerró la puerta.