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Estar a solas con mi ginecólogo me excitó y…. bueno. No se chupo los dedos pero si…

Sé que suena algo raro, pero si en ocasiones le soy infiel a mi marido, y a la vez también digamos que le soy infiel a mi ginecóloga.

Ya que cuando le digo a mi esposo, que me voy a hacer mi revisión rutinaria con mi ginecóloga, inmediatamente después de verla a ella, digamos que busco una segunda opinión.

Mi ginecólogo, originalmente, me ha visto desde que yo era adolescente. Y hasta que cumplí la mayoría de edad, siempre me miró con unos ojos, que a mí no me dejaban lugar a duda, de que deseaba enterrarme su puñal de carne.

Por lo que, en una ocasión, ya después de haber cumplido los 18, cuando llegué a su consultorio, acompañada de mi madre, debido a que ella tenía que hacer otras cosas, apenas llegamos arrancó, diciéndome que cuando terminase que la llamara, para pasar a buscarme.

Lo que me agrado, y mucho, ya que no tienen una idea de lo molesta que era mi mamá, haciéndole preguntas indiscretas al Doctor sobre mi persona, que si era o no virgen, que si me estaba acostando con cuanto chico había en la urbanización, y cosas así por el estilo que incomodaban bastante.

Ese día en particular, el Doctor al verme antes de que entrase a su consultorio, me dijo. “Lamentablemente hoy no voy a poder seguir viendo pacientes, ya que, a mi enfermera, se le presentó una emergencia.”

Pero al ver mi cara de desilusión, sonriéndome me dijo. “A menos que no te incomode, el que yo te vea solo.”

Yo la verdad es que la sola idea, de estar completamente a solas con mi Doctor, no tan solo me agradó, sino que también me excitó.

Lo cierto que él es algo mayorcito, comparado conmigo, pero quizás eso mismo hizo que me excitase tanto el que él me viera a solas.

Así que cuando me dijo que me quitase la ropa, y me pusiera la bata para realizar el examen, yo si me desnudé por completo, pero con la excusa de que me sentía algo acalorada, decliné ponerme la bata.

Desde siempre que me ha visto, una vez que me quedo desnuda ante él, de inmediato comienza a decirme lo lindo, bello, y hermoso de mi cuerpo.

Lo perfecto que es, que en la antigüedad seguramente yo debía ser la modelo de dónde sacaron tan lindas estatuas los griegos.

Quizás para otras personas eso les suene, hasta cursi, pero a mi viendo de él, son los piropos más lindos que jamás haya escuchado.

Así que a medida que comenzó a examinarme, fácilmente se dio cuenta de mi estado de excitación, ya que con cierta picardía me comentó, que mi amiga, refiriéndose a mi vulva, estaba bien húmeda, cálida, y coloradita, y eso era señal inequívoca, que justo en esos instantes, seguramente yo debía estar pensando en tener sexo.

En esa primera ocasión, aunque algo avergonzada, le admití que estaba en lo cierto. Pero al mismo tiempo, me bajé de la camilla de examen, y agachándome frente a él, y sin darle oportunidad, de que me fuera a decir que no.

De la manera más rápida que pude, eché mano de su miembro, bajándole los pantalones, y con la misma rapidez, comencé a besárselo, y a lamer sus testículos.

Después de eso, como hoy en día, el que usemos su consultorio para tener sexo, es tan normal para mí, como el que mi esposo lo quiera hacer en nuestra cama.

De la misma manera que en nuestra primera vez, mi Doctor y yo, no estamos con falsos miramientos, yo deseo que él me haga sentir feliz, y yo sé que desde que estamos acostándonos, él también lo es.

Por lo que, en medio de nuestros usuales encuentros, no hay cosa que yo no me deje hacer por él, de la misma manera que no hay cosa, que yo no haga para hacerlo sentir feliz.

Así que, en ocasiones, cuando yo no le estoy mamado su verga, él se dedica a explorar con su boca y dedos, todo mi coño, y hasta mi apretado culito, en ocasiones.

Pero debido a lo seguido que yo asistía a verme con mi Doctor, mi esposo comenzó a sentir celos de él, y cuando me indicó que le agradaría que cambiase a una Doctora, y se lo comenté a mi Doctor.

Él sonriendo me recomendó a mi actual Ginecóloga, pero advirtiéndome que él siempre estaría dispuesto para darme una segunda opinión, y algo más.

Así que mi esposo está más tranquilo cuando le digo que me voy a ver con mi ginecologa, no se siente amenazado, mientras que yo cada vez que puedo, disfruto de las individuales atenciones que mi Doctor me brinda, así que cuando siento su erecto miembro ya sea dentro de mi boca, mi vulva o hasta dentro de mi culo, lo disfruto, como ustedes no tienen una idea….